Martes, 2 Octubre 2007

Los gringos tienen Starbucks nosotros Cruz Verde.





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Tras la cercanía que presentan ambas iconografías verdiblanco y las tajantes diferencias que pueden existir entre una gran cadena norteamericana de café express y panecillos y una red de fármacos en Latinoamérica, subyace una risoria realidad, no se si atreverme a decir de nuestra idiosincrasia, mas si de nuestro forma continental de afrontar y vivir el tema salud.


Si bien los camaradas del norte ante las altas tasas de obesidad y marcapasos que deben injertar en cada vez más jóvenes miembros de su consumista población, producto del no menor índice de cadenas de comida rápida que llenan cada rincón del globo, al punto de hacer creer que dichas empresas auspician las guerras y los proyectos de poblar el espacio, consiguiendo que lo primero que haya tras cada nuevo territorio virgen defenestrado, terrestre o no, sea una gran M dorada; No parecen inmutarse más allá de algunas sutiles campañas y proyectos en el congreso a fin de avivar carreras políticas y aumentar la venta de libros de autoayuda o maquinas inquisitivas de tallado de abdominales.



Nosotros sin embargo aun conservamos alguna tradición culinaria fuera del freidor y la carne sintética, lo que sumado a otros hábitos sencillos como caminar o practicar alguna actividad física fuera de ir de la cama directo al televisor o auto y viceversa y desde luego, no transar el buen comportamiento de los niños con cuanto empaquetado y golosina halla por ahí, marca un gran avance. Pues por retrógrado y barbárico que estas simples propuestas suenen, el avivar un poco la conciencia es quizá el arma más eficaz ante el complejo de inferioridad y exitismo, que nos vuelve un potencial mercado de goce animal y culpa mordaz.



Me explico; esta segunda empresa de conquista que nos ve como la arcadia prometida, la utopía soñada presta a saturar sus arterias y ensanchar las caderas, nos somete ante la impavidez de apretadas agendas laborales, presión económica y complejas vidas familiares, a un circuito inconsciente de tres etapas, primero nos vende el mal, instalados en cada esquina y en las proximidades de los colegios, la comida chatarra nos empapela con publicidad y promociones que hipnotizan a los púberes con tazos, pegatinas y cajitas infames de figuras de las películas o dibujos del momento, una vez mordido el anzuelo y ya algo cebados, es cuestión de hacer un tour por las iluminadas y vivificantes pantallas para sentirse demacrado con esos kilos extra, esa incipiente papada o las pequeñas alusiones jocosas del resto, a una posible ovoide forma de nuestra silueta.


El ver que privilegia el inconsciente colectivo, su distorsionado concepto de belleza y triunfo, deprime a cualquiera, incluso a esos que forman parte del mercado de figuras esbeltas y potenciales rostros para comercial de cosméticos. No es casualidad el interés creciente de la pantalla chica y los medios de masa en general, con respecto al tema proxenetear, perdón enchular. El día a día parece haberse vuelto una pasarela, fotologs como catálogos del ego, explotación de la integridad física, adolescentes acomplejados, inseguros y cada vez más lanzados a un hedonismo descarriado. Es una maratón contra nosotros mismos, nuestra identidad flagelada y una batalla campal por diferenciarnos aun a costo de someterse al bisturí o medievales programas alimenticios que acarrean enfermedades y trastornos.


Y es así como llegamos al último peldaño del ciclo, quizá el más importante para entender la esporádica y abrupta germinación de farmacias en nuestra localidad. Con una salud física y mental de estropajo y con un psicólogo, nutricionista, cardiólogo y especialista en diabetes como tus mejores amigos… Sólo te hace falta un espacio para complacer las demandas titánicas de la no menos colosal lista de recetas, esta vez la carrera implica levantar tu alicaído sistema inmunológico. Pero descuida, el comercio humanitario y los ingenieros comerciales con estetoscopio han pensado en todo, prodigios como los martes de descuento, las aspirinas diarias, la tarjeta que acumula puntos como si fuesen kilometraje a tu muerte.


Trastornan la psiquis al punto de aplicar maquiavélicamente el conductismo Pavlovino en algo tan simple como el ritual de entrega del vuelto; vas por pasta dental y terminas con un botiquín a cuestas. El paisaje urbano es otra de las manifestaciones ejemplares de este caballo de Troya, basta con pasar por 21 de mayo, nuestra arteria más comercial, y quedar sorprendido al mirar no tan de reojo Las Vegas Nevadas de antibióticos e inyectables que somos hoy por hoy. Yo me pregunto entonces, si tenemos tantas farmacias, aproximadamente lindando la veintena en proporción a nuestra humilde población, será que somos la ciudad más saludable del mundo, las más sugestionada e hipocondríaca, la fuente de la vida eterna para los mayoristas, el blanco de una conspiración de la O.M.S, que se yo… lo dejo a su discreción.



AUTOR: DANIEL ROJAS P


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