Lunes, 15 Octubre 2007

Santuario.


Santo enardecido,

vigilante,

perecedero

el humo se hace blanda

compañía,

rostros ennegrecidos,

canos, decaídos,

ojos marcados por el viaje temporal

y la divina perorata,

Esperanza,

universo,

saltan de lo oscuro

del manantial y llanto,

lúgubres espasmos resuellan

el martilleo acompasado,

el canto fúnebre de baldosas,

en que carne hacinada, carbón humano,

Desgasta la idea de tiranía

y nuevos pasajes negros,

se escriben

en nuestra progresista historia de hecatombes…

y en la profundidad de la muerte

y en la vaguedad del existir,

no queda reposo

para la así llamada vida,

para el océano de mustios corazones.

Remachados escapularios

Y hembras enlutadas,

Gimen el producto de sus vientres,

el productor de nuevas palancas,

operarios,

Materia para la maquinaria.

Partidos penetrados,

Silencio del ausente,

Él naufragó mientras corría del espanto,

Ellas dibujan el ocaso

de su repetido futuro,

En cada región

en cada recoveco olvidado

de esta gran patria,

progresistas y guerreros,

Madres de demencia adornada,

con justicia y armas de buena ley.

El esperpento anega nuestra

Mañana.

Teñida de vino venal

y el tijereteo de las manos anónimas,

Prepara desde la torre,

el camino de los perdidos,

Mudos,

en los márgenes del

Terror.
Amén.

Autor: Daniel RojasP
Página 1 de 1. Total : 1 Artículos.