Viernes, 12 Octubre 2007

La extraña mente de Fernando Arrabal. (Pateando Paraisos)




Excentrico escritor español, componente visceral del movimiento PANICO, cuyo mayor expositor es el chileno Alejandro Jodorowski. Arrabal se destaca por sus trabajos en dramaturgia, cine, ensayo y novelistica. Cultiva un estilo irreverente, contestario, brutal, descarnado y ante todo una estetica irrisoria de gran imaginación.
No esta exento de polémica, sobre todo por el episodio que protagonizó en un programa televisivo español (tertulia televisiva de Fernando Sánchez Drago) al cual asisitio ebrio.

A continuación, un fragmento de su trabajo Pateando Paraisos y el infame video del mileniarismo.







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En la Cruz del Cura hay una banda de

superquinquis dispuestos a quitarle el pellejo a su

madre y mearle en la raja en el funeral. Los propios

quinquis y la poli aparcan a distancia de sus leoneras.

Pero venden el caballo mejor de Madrid. No se

necesita ni limón para disolverlo. Solía ir con un cabo

de la guardia civil de paisano. Nos poníamos el pico

en la mismísima chabola. Sólo llevábamos lo puesto.

Cuando al cabo se le subía el ajume a la cabeza, se

volvía gimoteón y chupanabos. ¡Qué Cristo organizaba

gritando “soy una sarasa de la serie D, un puto

tomante, un pajillero de la Benemérita”!

He comprado caballo en la plaza del Dos de

Mayo, en las casas prefabricadas de San Blas, en el

Pozo del Tío Raimundo, en las chabolas de Entrevías,

en la calle Ballesta, en la Gran Vía, en el VIP, en Las

Ventas, en Chueca, en madera, en Tudescos, en La

Cruz del Cura... Cada esquina de Madrid ha sido etapa

de mi vía crucis. Me ha visto babear, llorar,

descojonarme por medio gramo de mierda para la

charamusca.

El Canas me contó que un rey quería gozar de

todo. Y tener la potra de poder cambiar en oro lo que

tocaba. Pero se moría de hambre rodeado de panes y

frutas de oro. Entre atropellos y vacío Solo he

conocido el oro churretoso de mi puta vida de yonqui.

Escribiéndote estas cartas toco tierra. Quiero que

sepas cómo probé por vez primera el caballo. O sea, la

heroína.

Estaba yo entonces con la boca amarga y el

corazón superderrotado. El tiempo lo veía pasar como

una nada salpicada de angustias acojonantes. Casi

peores que las que me entran aquí en la cárcel de tanto

follar. De espatarrarme con bufos y calaveras.




 


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